LA PLAYA

La playa, con sus rompientes, bancos de arena, corrientes y mareas, es el entorno en el que comienza y termina este libro, es en donde comenzó, se desarrolló y se extendió surf, en el que nació una nueva cultura que se extendió por el país, en donde aparece la beach society en un lento y discreto movimiento de cambio.

Pero la playa, el extenso arenal de casi 3 kilómetros de extensión, que fue desde el principio el origen del turismo y posteriormente el lugar de los surfistas, ha vivido a lo largo de la historia hechos ahora por muchos ignorados de los que aún se guarda memoria.

En 1660 encalló una nao de Cibourne, Francia, que iba hacia Terranova, en el que murieron tres marinos, todo consecuencia de un terrible temporal con tremendos rayos y truenos, en el que se perdieron muchos barcos. Cristóbal Ibañeta cuenta en el libro de difuntos de dicho año que pareció era llegado el último día, parecía que ardía el mar y toda la tierra en un fuego sulfúrico, así en la color y hedor, que impávidos los que nos hallábamos en la costa, perdida la vista, no sabíamos qué hacer y a dónde huir: fue esta tempestad y tormenta general en este mar del norte, donde se perdieron muchísimos navíos.

01.Un_naufragio_en_las_costas_de_Asturia

En 1823, el dos palos Nuestra Señora de la Merced, que transportaba sal a Bayona, fue arrastrado por el mar a la playa, en donde las olas lo destruyeron totalmente. Pocos años después, en 1840, le sucedió lo mismo al bergantín L’Amiable, al quela rompiente despedazó.

En 1855, aunque la goleta francesa Ceciliase perdió, se salvaron todos los marinos gracias al valor de las gentes de Guetaria, que posteriormente fueron recompensados por los gobiernos de España y Francia. Poco después, en 1857 encalló con fortuna el que luego fue comprado por José Antonio Amilibía, quien consiguió reflotarlo, trasladarlo a Cádiz y allí venderlo 

Un naufragio en las costas de Asturias.

Rafael Montleón y Torres.

Museo del Prado.

03.Un barco naufragado.Carlos de Haes.Mu

Un barco naufragado.

Carlos de Haes.

Museo Del Prado

El Gustav, un barco alemán de carga con destino que nunca fue revelado por el capitán, quien además destruyó los papeles, fue sorprendido por un fortísimo temporal a la altura de Guetaria, por lo que trató de protegerse a sotavento de la isla de San Antón.  Salieron marineros de la villa marinera a socorrerlo. Corría el  12 de noviembre 1874 y la Guerra Carlista estaba en pleno apogeo. En Guetaria estaban los liberales, en Zarauz, los carlistas. Estos, que pensaron que el Gustav llevaba contrabando de guerra para el bando enemigo, hicieron que el tercer batallón, de guardia en el caserío Akerragui, disparara, haciendo que la ayuda que recibían se replegara al puerto. En la oscuridad de la noche volvieron las gentes de Guetaria a socorrer a los marinos, quienes, por orden de su capitán, desembarcaron, quedando solo en el barco un perro.

Al amanecer vieron todos cómo el navío había roto las amarras y había embarrancado en la playa de Zarauz. Conseguidos los permisos que la guerra imponía, se trasladaron los oficiales a inspeccionar los restos en donde ya se habían reunido muchos curiosos, quienes no subían a la embarcación porque el perro se lo impedía. Tras estudiar la situación, se decidió bajar la carga, que no era otra cosa que petróleo, abandonando el barco varado. Años después, cuando el mar retira la arena, es posible ver las costillas y maderamen que de él queda.

En la madrugada del 13 de febrero de 1907 el Benito Gomez, pequeño barco de dos palos que venía de Ferrol con una carga de madera, fue arrastrado a la playa por el fuerte temporal sin sufrir grandes daños. Tras denodados esfuerzos y muchos intentos realizados a lo largo de varios meses, fue recuperado el 30 de junio. Reflotado, fue remolcado a Zumaya en donde fue reparado. Tras su azarosa aventura continuó navegando muchos años más.

1913.

España automóvil y aeronáutica.

Manuel Zubiaga Aldecoa.

04.Manuel Zubiaga.jpg

No terminan aquí las aventuras del arenal, pues el 27 de julio de 1913, Manuel Zubiaga Aldecoa, nacido en Algorta el 15 de mayo de 1893 y con licencia número 40 Del Real Aero-Club de España y 487 del Royal Aero Club de Londres, volando en un Caudrón G3 desde Biarritz, pudo aprovechar la longitud de la playa para tomar tierra. Camino de Ereaga, en Bilbao,  en donde le esperaba una multitud, le falló el motor en la bahía y tuvo que aterrizar en donde, según cuentan, muchos nunca habían visto un avión en el cielo y muchísimo menos en tierra.

Se dice que tuvo que quedarse unos días, mientras le arreglaban el motor en Talleres Eraso y Compañía. No se  le cobró nada por la reparación, así como tampoco por el alojamiento en Zarauz.  

Despegó el 30 desde la playa en donde le despidió el alcalde acompañado de todo el pueblo. Puso rumbo a Bilbao a unos 600 metros de altura [1950ft], pero las nubes bajas le obligaron a descender a 150 metros [450ft] al pasar por el cabo de Machichaco. Posteriormente, en un incidentado vuelo, la niebla le dificultó alcanzar el arenal de Ereaga, que ya tenía a mano cuando el motor volvió a fallar, saliendo disparada la tapa de un cilindro que atravesó el capot. Sin altura ni velocidad, Manuel Zubiaga planeo y amerizó como pudo, sin romper el avión y saliendo indemne del accidente.

Posteriormente fundó el Real Aeroclub de Vizcaya, que todavía existe. El capot con el agujero fueron donados a la Fundación Infante de Orleans, en donde puede ser admirado.

05A.Caudrión.jpg

Caudtión C3

Unión Postal Universal

Archivo B&B

Hubo otro aterrizaje el 21 de junio de 1937, al parecer también por fallos de motor. Nada está claro en este caso ya que se dice que se simuló una avería. El avión de Air Pyrenees despegó de Toulouse a las 20.17 con destino Laredo y tomó tierra en el arenal de Zarauz a las 21.30 frente al chalet llamado Tarifa.

Un triste caso que termina con el fusilamiento en Burgos, tras juicio sumarísimo, de dos personas del pasaje, uno de ellos, Alfredo Espinosa Oribe, consejero de Sanidad del Gobierno Vasco. Al piloto José Yanguas se le acusó de traidor a la causa, vendido a los nacionales tras recibir las joyas de la basílica de Begoña. Una dramática historia que si llegara a las manos de un buen guionista acabaría en película de Hollywood.

06.Air Pyrenees.jpg

Caudrión C-448 Goeland
Air Pyrenees F-AOMX