AÑO 1969

Si como he dicho repetidas veces, 1968 fue indudablemente el año más feliz de mi vida, 1969 sería lo que de alguna manera podríamos definir como continuación de aquél tiempo inolvidable, una reunión de momentos que sin poseer la luz que me había iluminado personalmente los meses anteriores, si debería considerarlos como importantes, cuando no interesantes, en el desarrollo del surf en Zarauz. Fueron muchos hechos, algunos de calado nacional, otros significativos en el terreno personal, los que conformaron aquél año y que en conjunto hicieron de él otro año imborrable.

Alfonso Nito Biescas

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Aquél invierno, el Club de Surf Euromar me encargó hacer el diseño para una camiseta. La idea era combinar una imagen con un texto explicativo para crear un conjunto atractivo que no creara problemas a la hora de ser estampado por serigrafía, una técnica bastante primitiva, indudablemente artesanal. Decir crear es muy fácil, sobre todo ahora que todos hemos tenido infinidad de camisetas de todas partes del mundo, de mil estilos y calidades. Pero en aquél momento me tuve que enfrentar a un trabajo que jamás se me había pasado por la cabeza y que no sabía cómo tenía que ser desarrollado para que funcionara. Tuve que echar mano de la imaginación, la ilusión y el valor, cuando no de la imprudencia, para luchar contra una técnica que no es que no dominara, sino que desconocía totalmente por no haberla utilizado previamente.

A ello hemos de añadir las dificultades que imponía la falta de materiales de todo tipo que hoy usaríamos. No había ordenador, pasarían todavía 21 años hasta que me comprara el primero en 1990. Existía Letraset, los Rotrings y ambos me permitían trabajar en papel vegetal, un material al que estaba acostumbrado por mis estudios en arquitectura y que me permitía calcar y retocar errores con una Guillette, aquellas antiguas cuchillas de afeitar. Pero desconocía la existencia de las Reprosmasters con las que ampliar o reducir, si es que ya existían por aquél entonces. Es decir, había que dibujarlo a mano y había poco margen de error. O lo que es lo mismo, concentración, pulso y confianza en que va a salir.

Una vez que tuve dibujadas y retocadas todas las letras al tamaño deseado, las monté con cinta de cello y calqué el conjunto en otro vegetal. Posteriormente las rellené de tinta negra con un rotring, herramienta habitual en los trabajos de arquitectura, supongo que número 6 u 8. Recorté el vegetal, lo monté sobre un cartón blanco e indiqué la tintas en un papel sulfurizado que además de cubría el diseño y servía como medio de protección. Cosas de la prehistoria, que estuvo más cerca de lo que muchos sospechan.

Si bien no tenía mucha idea de las tendencias ni estilos que estaban realizando en ese mundo los verdaderos profesionales, acerté en el uso del modenismo como ya hacía en California Wes Wilson, padre del cartelismo de la sicodelia, quien inspirándose en las formas del Art Noveau, desarrolló las tipografías de Alfred Roller, artista de la Secessions stil, creando un inolvidable e imitado estilo.

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Camiseta de surf del

Cub Euromar

En el movimiento modernista vienés Secession, la tipografía es un elemento determinante, ya que da gran importancia a la letra, que tiene un valor formal, compositivo y comunicativo. A esta tipografía añadí un surfista que calqué de un Surfer Mag. Tenía ya algunos ejemplares, por lo que pude buscar una foto que estuviera medianamente contrastada, para que se pudiera leer con una tinta, que rematé con unas formas sensuales que podrían ser olas o llamas. El patrón de la camiseta, que era del tipo antiguo, no era muy surfero y nada tenía con la T shirt que luego se ha impuesto en el mundo.

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A pesar de todo, las camisetas se agotaron, todos las compramos, quizás no porque fueran bonitas sino porque no había otras y además eran de surf, o al menos lo intentaba ser. Fue mi primer trabajo de este tipo, por lo que cometí errores que ahora no me perdonaría, un trabajo que recuerdo con cariño después de haber hecho tantas para Custo y otras marcas.

El año académico continuó y estos pequeños encargos hicieron que saliera de la rutina de mis estudios para reencontrarme con el surf. Recuerdo que por aquel tiempo discutía con algunos de mis compañeros de carrera que tenían la fortuna y casi privilegio de poder ir a esquiar el fin de semana o vacaciones, que por qué no podía hacerse de igual forma con el surf.

Quizás era una idea muy vanguardista para aquellos años pues pocos eran los que disponían de una economía que les permitiera hacerlo, aprovechar unos días libres para trasladarse a donde hubiera olas y disfrutarlas. Pocos tenían coche y posibilidades, permisos. Pero era evidente que si se podía ir a esquiar, se podía ir a coger olas, en donde además no hay que pagar forfait porque las olas son gratis. El tiempo me ha dado la razón, aunque han tenido que pasar casi 50 años en los que, si hacemos un mínimo análisis, la sociedad y la economía han cambiado radicalmente.

El día 1 de junio de aquél año, el periódico deportivo AS, publicó un articulo a toda plana del Club Euromar. Aunque no es muy interesante salvo por la antigüedad, sí que indica el empuje que ya estaba teniendo el surf en la villa. La sociedad empezaba a comprender que no era un juego de veraneantes sino un deporte que poseía un tremendo potencial entre los jóvenes. Podríamos afirmar que cuando entidades tales como Euromar o el mismísimo Club Deportivo Zarauz empiezan a prestar atención a los que cogían olas, es porque existía un futuro que ya estaba ahí.

Hasta aquél momento, el surf era un tema ignorado en la prensa del país. Los periódicos no lo citaban, tampoco los deportivos. En las revistas, si aparecía un artículo, era del extranjero, normalmente de lugares exóticos en un mundo en el que estos estaban muy muy lejos.

Sin embargo, algo estaba cambiando. Se hablaba de ello y se nos entrevistaba. Se hablaba de las olas, de las tablas, de los estilos, de los clubes y de la federación por la que estábamos luchando. Y en eso sí que fue importante la labor que realizamos. Mientras en el resto de localidades solo se hacía surf, en Zarauz nos movíamos en todos los niveles. Prensa, sociedad y federaciones. Y con ello conseguimos que se oyera, que todos se enteraran que se podían coger olas.

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01 de junio de 1969

Diario As

Otra historia probablemente desconocida por casi todos es la del spot de TV que se grabó aquella primavera de 1969. Nos llamaron a mi hermano Ángel y a mí desde una productora. Nos comentaron que iban a filmar un anuncio de Cola Cao con imágenes de surf en una playa de la Costa Brava y necesitaban material y asesoramiento. 

03 de julio de 1969

El Alcazar

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Nos movimos y encontramos en Barcelona a un señor de apellido Belil que había hecho dos tablones de madera en los talleres de su fábrica. Eran huecos y pesaban una barbaridad, pero eran muy bonitos, con colores muy luminosos. Nos las cedió para la filmación. Las recogimos, las cargamos en el coche y nos fuimos con el equipo (modelos, director, directora de arte, script, cámara, etcétera) a la costa. La verdad es que nos reímos mucho, sobre todo Ángel y yo, viendo como el director se quería ligar a la modelo, que estaba más pendiente del prota del spot que de otros temas.

El anuncio se pasó por televisión. Habían comprado unas imágenes de hot dogging muy bonitas, muy californianas y las habían mezclado con las que habían tomado aquella tarde en la playa. No he conseguido encontrar aquél vídeo por internet. He llegado a buscar incluso con otras marcas de cacao pero nada. Una pena, porque quedó bien, bastante coherente, las tablas lucían preciosas y la modelo también.

A lo largo del año fui preparando el Campeonato de surf en recuerdo de mi hermano Enrique, fallecido hacía doce años. No recuerdo exactamente como se me ocurrió organizarlo, ni como empezó todo el proceso que terminó en una gloriosa fiesta hawaiana. Probablemente, perdido en mis sueños y recuerdos de surf, nació la idea que a lo largo de los meses se fue perfilando hasta conseguir lo que no pude imaginar que tendría tanto éxito y al que dedico un apartado especial. Es por ello por lo que aquí tan solo escribo una sucinta nota, para centrarlo en el tiempo y que ello permita una mayor comprensión de lo que significó para todos, contando en donde corresponde todo el proceso de creación, realización y finalización.

Vuelvo a insistir aquí en lo que para mí significó el surf. Fue la tabla de salvación a la que me agarré para poder sobrevivir en la soledad de aquellos años. Probablemente, de no haber vivido unos años tan difíciles para mí, el surf hubiera sido un gran entretenimiento pero nunca la luz que guió mis pasos en la oscuridad. Y por ello, no le hubiera dedicado tantas horas, no hubiera tratado de promocionarlo ni hubiera perdido horas de sueño creando fantasias a su alrededor. 

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Cartel del

Primer Campeonato de Surf

Enrique José Biescas Vignau

27 de abril de 1969

Gaceta Ilustrada

Kodak Instamatic 133

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Ahora que todos tienen una extraordinaria cámara digital en algo tan común como es un teléfono móvil, ahora que diariamente hacemos decenas de fotos de gran calidad técnica, en donde podemos aplicar, o no, zoom digital, color, contraste, profundidad de campo, saturación de color, texturas, marco y muchas otras características, puede sonar extraño, indudablemente anacrónico, explicar que por aquellos años, los más afortunados tenían una Kodak Instamátic con Cubo Flash. Es decir, una cámara compacta que, utilizando un carrete que iba en un cartucho, hacía fotos mediante un simple click y a la que se le podía aplicar un flash en forma de dado que daba un fogonazo al explotar y que casi daba miedo. El resultado era de una calidad que ahora definiríamos como pésima, pero eran fotos que atesorábamos, porque cada uno gastaba un carrete con 24 negativos en todo el verano. En aquellas vacaciones de tres meses, probablemente hacíamos menos fotos que en la actualidad en un solo día. Pero a diferencia de hoy, en lo que varios estudiosos definen como la ausencia gráfica de la historia y que ilustra el concepto de vacío al no conservarse las imágenes, en aquellos años hacíamos copias y pasaban a completar los álbumes de la vida, libros que hoy son el recuerdo que nos permite mirar atrás y conocer aquél tiempo, aquellas formas y costumbres, aquella sociedad que, para bien o para mal, ya no existe pero que fue el origen de la que hoy hay.

Aquél curso académico siguió avanzando entre muchas horas de estudio, exámenes y trabajos, que a veces no eran de la Escuela de Arquitectura sino de pequeños clientes que me encargaban pequeños diseños. Proyectos que pese a mi falta de preparación hacía con enorme ilusión. El curso acabó y no me fue mal. Tenía un papel enganchado en la pared de mi cuarto con todas las asignaturas de la carrera que iba tachando según las iba aprobando. Ese año académico, antes de salir de vacaciones hacia Zarauz, había rayado varias líneas. Había aprobado todas a las que me había presentado. Y lo que era muy importante, había decidido no preparar otras para septiembre, las dejaba para febrero. Ello me permitía plantearme un verano sin tener que estudiar, dedicándome a disfrutar de los amigos y del surf, de la vida,   

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1969

Pato Donald

Walt Disney 

Durante toda mi vida, la llegada a Zarauz de vacaciones había supuesto siempre algo parecido a la entrada al paraíso. En aquellos años la villa constituía mi espacio ideal. Era la naturaleza, la libertad y el descanso, eran los amigos y la luz, era la felicidad.

Pero aquél verano de 1969, tan deseado, tuvo un par de momentos amargos que marcaron el tiempo. Cuando la primera tarde, caminando, llegué por la Avenida de Navarra a la antigua Alameda, vi como aquella deliciosa vía peatonal con centenarios plátanos de sombra (Platanus hispánica) que cubrían las aceras, habían sido talados para ampliar la calle de dos a cuatro carriles, permitiendo que el tráfico conquistara el espacio dedicado al paseo, al sosiego. Se dio paso a una avenida. Dura. La amplia acera de grava pasó a ser estrecha y de pavimento cerámico. Lo que fue un paseo sombreado y apacible pensado para el peatón se convirtió en una calle en la que el protagonista eran los coches, el ruido, la polución.

A mi entender, los residentes en Mendilauta ignoraron la nueva vía para evitar la vista de aquella brutal destrucción, pasando a caminar por el malecón para acercarse al pueblo, convirtiéndose así en la vía peatonal de comunicación entre las dos zonas.​ Y de esta forma fue una aproximación a la orilla la solución peatonal de comunicación.

Han pasado más de cincuenta años desde aquel momento y sigo lamentando aquel hecho. Fue el inicio de la destrucción de la villa clásica para dar lugar a un nuevo concepto desarrollista en el que primaba la construcción, en detrimento del espacio. Desde aquél día, aunque posteriormente he vivido tiempos muy felices allí, Zarauz dejó de ser el paraíso para mí.

La segunda desilusión fue enterarme de que los hermanos Sañudo, con quienes había pasado tan buenos ratos los dos últimos años, no estaban. Sera había empezado a trabajar y vendría unos pocos días de vacaciones y algún fin de semana. Juan, que estaba haciendo la mili, lo tenía aún peor. Por ello seguí haciendo surf con los amigos del Club Euromar, de los que cada vez me sentí más cerca. Con ellos pasé las horas de aquél verano y organizamos muchas cosas, desde campeonatos de tenis hasta carreras de canicas o gimkanas.

Un día, en la playa, se nos acercó un periodista francés. Nos comentó a los que allí estábamos que quería presentar a su vuelta de las vacaciones un artículo sobre Zarauz y el surf, por lo que nos propuso hacer aquella tarde unas fotos con las tablas y mi coche. Aceptamos, naturalmente. Como los tablones los guardábamos en el tendedero de Villa Santillana, allí quedamos. Entre risas hizo unas fotos de las que conseguí que me mandara dos diapositivas que años después pude pasar a papel.

En la foto estamos Carlos Goyeneche, Juan Villar y mi hermano Ángel y yo, además de un desconocido. Se pueden ver las tablas de Euromar, la Hawaii y cuatro Barlands entre la que destaca la azul, que nadie quería porque tenía agua y era difícil de girar.

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Julio 1969

Villa Santillana

En el agua cada día éramos más. Un grupo heterogéneo formado por los del Club Euromar, Luis Beraza, que como yo se había unido a ellos, mi hermano Ángel, Juan Ignacio Aguirrezabala, Chiqui Illarramendi, los hermanos Vitórica, y los hermanos Martinez de Albornoz, con Perico a la cabeza. A este conjunto se le ban añadiendo otros veraneantes como Gonzalo Taboada, que hacía surf en Perú y que por ello ya tenía tabla y los inolvidables hermanos Arteche, Era el tercer verano y podemos decir que fue la segunda fase del crecimiento, a la cual se incorporaron los primeros naturales de Zarauz, con Juan Aquaman Urcelay, Miguel Ángel Gurru Gurrucha, Javier Javo Lazcano, Miguel Otamendi y Juan Pedro Eizaguirre.

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1969

Alfonso Nito Biescas
Zarauz

El 10 de agosto se celebró el primer Campeonato en recuerdo de mi hermano Enrique, el Trofeo Enrique José Biescas Vignau, que con los años acabó siendo conocido como EBU. Todo lo referente a este evento se explica con todo detalle en el apartado correspondiente, en donde se incluyen fotos, recortes de prensa y todos los detalles del certamen, desde participantes hasta mangas clasificatorias, pero lo cito aquí porque fue un verdadero acontecimiento, que al menos a mí me sorprendió.

I Trofeo

Enrique J. Biescas

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Acudieron surfistas de toda la costa cantábrica y a las 11 de la mañana, cuando oficialmente todo empezó, la playa frente al Gran Hotel estaba completamente abarrotada de publico, la arena literalmente se cubrió de espectadores de principio a fin, un gentío que aguantó las horas que duró, que entre una cosa y otra fueron bastantes. Creo que hay que considerarlo como un verdadero éxito aunque las olas fueron penosas. Y lo más importante no fue el evento en sí, sino como decía Javier Arteche, la catarsis, la transformación que se produjo, pues desde aquel día el surf dejó de ser local para convertirse en nacional.

La prensa apoyó con artículos el certamen y con ello se amplió la difusión. Los periódicos de la época como Unidad, La voz de España, ABC y algún otro, se hicieron eco del suceso. Revistas como Blanco y Negro también cubrieron el espectáculo. Creo que con ello, la sociedad comenzó a tomar verdaderamente en serio lo que estábamos haciendo y ello nos facilitó mucho las cosas a nivel oficial. La federación que pretendíamos estuvo mucho más cerca y los permisos para nuestra actividad se resolvían fácilmente. Todo continuaba avanzando tal como deseábamos.

Al campeonato le siguió la Fiesta hawaiana, un hecho que también hizo historia. Otro éxito rotundo y además divertido. En ella, cuando todos estábamos aún serenos, se hizo entrega del único trofeo al ganador Javier Arteche. La celebración duró hasta las tantas de la noche y creo que todos los que allí estuvieron guardan un recuerdo imborrable. La idea era hacer una fiesta para entregar el trofeo y conseguir asistencia para poder comprar más tablas de surf. Una vez entregada la copa y conseguido la caja necesaria para poder ir a Biarritz a comprar nuevo material, se dejó barra libre. Creo que estuvo presente toda la gente joven veraneante y probablemente algún mayor. 

La reina y su corte

Fiesta hawaiana

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Es difícil comprender desde nuestros días el ambiente que reinaba en Zarauz en aquellos años. El surf fue el motor de la modernidad entre los veraneantes e indudablemente, entre los lugareños. Pero aquellos que no lo vivieron y lo miran desde el presente no pueden valorar el cambio que sufrió la sociedad. El artículo de ABC que se puede leer a continuación creo que ayuda a ver como era aquél ambiente familiar, elegante e inocente

ABC

29 de agosto de 1969. 

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Cuando llegó septiembre, en el Club de Surf Euromar había mal ambiente por razones que no vienen al caso. Las relaciones entre las partes cada vez eran más tirantes. Finalmente los socios se enfadaron con la directiva, tras lo cual abandonaron la sociedad. Como el padre de Luis Beraza era presidente del Club Náutico de Guetaria, creó una sección de surf a la que nos acogimos todos. Así, prácticamente allí nos asociamos los del Club Euromar y todos aquellos que hasta aquél momento habíamos ido por libre. De esta forma aparecieió el Guetaria Surf Club.

Pedro Martínez de Albornoz

Richard Hedgson

Cesar Echegaray

Rafa Martínez de Albornoz.

John Manning

Alfonso Nito Biescas

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En Septiembre, como cada año por aquellos tiempos, llegaron surfistas extranjeros. Solían ser ingleses, sudafricanos, californianos, australianos o neozelandeses y algún alemán. Solíamos hablar con ellos, preguntarles y tratar de aprender ya que nos llevaban décadas de ventaja en el surf y en la vida. Eran la enciclopedia del surf, de la libertad, del existir. La modernidad. Venían en las maravillosas furgonetas Volkswagen, caravanas que a lo largo de los años fueron evolucionando pero que siempre mantuvieron su hechizo, furgoneta que recibió varios nombres, entre los que hay que destacar Bully, Bus Type 2 y Kamper entre otros. Icono de movimientos, fue hippy, surfera y hasta protagonista de road movies. Fue el sueño de todos nosotros. El imposible, porque nunca la conseguimos. Un deseo casi atávico que se ha quedado en nuestra memoria y que todos, anacrónicamente seguimos deseando.

Los ingleses, diferentes siempre, solían venír en coche. He de aceptar que gracias a aquellos encuentros aprendí inglés, algo que, además de darme muchas satisfacciones en aquel momento, me ha permitido hacer trabajos y viajar o emigrar a donde nunca hubiera pensado. 

Destaca entre todos aquellos encuentros el de tuve con John Manning, un surfista de Saint Helier, en la isla de Jersey, en las islas del Canal, del Reino Unido. Mantuve con él una amistad que duró muchos años. Estuve en casa de sus padres y él estuvo en la de los míos. Y fue él quien me conectó al mundo surfero de Jersey, mundo en el que tuve ciertas actividades y del que recuerdo con cariño las historias que viví y que trato de contar en el apartado dedicado al 70 y posteriores.

Es interesante destacar que a finales de verano apareció un nuevo surfista que posteriormente tendría mucha importancia dentro del mundo de surf. Me refiero a Iñigo Letamendía. Si no recuerdo mal, si no me equivoco, supo del surf en Zarauz por la prensa. Creo recordar que en algún momento me comentó que vio en la revista semanal Blanco y Negro el artículo sobre el campeonato y a partir de ahí empezó a acercarse por la villa. Lo cito a finales de septiembre porque es cuando creo recordar que lo encontré y tomé contacto con él, pero quizás vino antes y no supe nada de él hasta entonces. Quizás esto tan solo es un dato de alguien, interesante por su posterior actividad, que se apuntaba al movimiento. Pero podría leerse como el atractivo que el surf iba creando en Zarauz y que atraía a gentes de fuera.

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Alfonso Nito Biescas

John Manning

En octubre terminó el año. Y digo esto porque terminaba el verano y para mí comenzaba un nuevo año académico, volviendo a mis quehaceres en la universidad. Desde entonces, para mí, siempre ha sido así, cerrando el año cuando termina la temporada de verano. Quizás esta es la razón por la que no celebro Nochevieja.